CUANDO LOS FANTASMAS NO DEJAN COMER: ¿CÓMO AYUDAR?

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Los trastornos de la conducta alimentaria son problemas muy complejos que afectan cada vez a más gente. La sociedad en muchas ocasiones tiende a etiquetar a estas personas (en su mayoría mujeres) como chicas superficiales a las que únicamente les importa su imagen y su obsesión por parecerse a las modelos que aparecen en los medios de comunicación. Nada más lejos de la realidad. Los problemas que estas personas presentan en relación a la comida son sólo la punta de un gran iceberg. Es normal que sea lo que más llame la atención, ya que resulta complicado entender los motivos que pueden llevar a una persona a negar algo tan importante para la supervivencia como es el alimento, no obstante, es importante que lo veamos como una señal de alarma que nos indica que esa persona está sufriendo mucho y necesita ayuda.
 Pero ¿qué podemos hacer cuando detectamos en nuestro entorno un problema de este tipo?
– Motivar a la persona para que pida ayuda profesional:
En muchas ocasiones las personas afectadas por un trastorno de la conducta alimentaria tienen verdaderas dificultades para pedir ayuda, tendiendo a negar su situación o a ponerse irritables en el momento que tratamos de hablar con ellas.
Es importante enfocar esta preocupación, no tanto hacia el tema de la comida, sino hacia la parte más emocional del problema, intentando que la persona nos cuente cómo se siente, resaltando que hemos notado que últimamente parece estar más triste o mas enfadado/a y dejando claro que nuestra intención no es otra que ayudarle a pedir ayuda.
– Mantener una actitud de comprensión y apoyo incondicional:
Debido a la enorme complejidad de estos problemas, cabe la posibilidad de que, aún habiendo puesto todo de nuestra parte para intentar que nuestro/a amigo/a o familiar se ponga en manos de un profesional, nuestros esfuerzos no den, en un primer momento, los resultados esperados. En estos casos (siempre que la situación no suponga un riesgo físico real para la persona) es importante que tratemos de ponernos en su lugar, de comprender que quizás todavía la persona no se encuentra preparada para asumir que necesita ayuda, pero este proceso le resultará mucho menos doloroso si sabe que puede contar con alguien que intenta entender su situación, que no le juzga ni está constantemente pendiente de lo que come o de lo que no come.
Mantenerse en esta posición no es fácil, sin embargo es una actitud que va a facilitar enormemente el camino a nuestro/a amigo/a o familiar a la hora de poder contar con nosotros para pedir la ayuda que tanto necesita.
Lucía Pol González
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