CON LA ETIQUETA A CUESTAS

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SSIFO_~1Hace unos días, en unas jornadas, durante una mesa de pacientes, tuvimos la gran oportunidad de escuchar la historia de Juan, un hombre de unos 75 años que tuvo la amabilidad de relatarnos su experiencia como paciente. 

Juan contaba como desde niño se había considerado una persona torpe, poco valiosa, simple y con muy pocas habilidades para comunicarse con la gente. Todavía con emoción, relataba con todo lujo de detalles cómo a los 7 años en el colegio al que acudía le pasaron un test de inteligencia, y cómo su maestro, al ver los resultados, le dijo que era tonto, que nunca iba a llegar a nada en la vida y que no valía para estudiar. Este comentario marcaría a Juan de por vida, ya que a pesar de haber tenido que sacar adelante a su madre enferma y a sus hermanos trabajando sin descanso, a pesar de haber tenido que hacer grandes esfuerzos para ganarse la vida y a pesar de haber conseguido finalmente una estabilidad, tanto económica como personal, Juan era incapaz de ver más allá de la etiqueta que le había colgado su maestro, una etiqueta que cargaba en su espalda como una gran losa y que le impedía valorarse como persona. Con el paso de los años, distintos factores contribuyeron a que a Juan cada vez le costase más cargar con ese peso, hasta que finalmente se hundió en un pozo de tristeza del que no conseguía salir sin ayuda. Por suerte, después de varios años siguiendo un tratamiento farmacológico (con escasos resultados), decidió probar con una terapia psicológica.
Resultó realmente emocionante escuchar cómo Juan explicaba su proceso de recuperación; cómo había aprendido que esa etiqueta que le pusieron de pequeño no tenía más valor que el que él mismo decidía darle y cómo poco a poco fue aprendiendo a valorarse, logrando finalmente desprenderse de un diagnóstico que había llegado incluso a formar parte de su propia identidad.
Pensando en la historia de Juan se nos vienen a la cabeza todos esos nombres que empleamos los profesionales para clasificar cierta sintomatología que tiende a darse conjuntamente. Trastorno obsesivo-compulsivo, trastornos de la conducta alimentaria, trastorno de pánico, fobia social, etc. Son calificativos que nos resultan muy útiles para comunicarnos entre nosotros, así como a la hora de trabajar sobre la seguridad de una base científica, sin embargo es importante recordar que en muchas ocasiones pueden funcionar como un arma de doble filo, convirtiéndose en etiquetas que colocamos a personas, olvidando que, por encima de todo, son personas que lo están pasando mal o que tienen ciertas dificultades en algún ámbito de su vida, y que quizás el hecho de etiquetarlas de esta forma, lejos de ayudarlas, puede que les influya en la creación de una situación de indefensión parecida a la de Juan, que ni siquiera intentaba valorarse porque su etiqueta decía que no era válido.
Lucía Pol González
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2 comentarios sobre “CON LA ETIQUETA A CUESTAS

    Rosa Mª escribió:
    julio 11, 2014 en 2:48 am

    Hola, acabo de conocer este blog a través de su seguimiento de mi twitter y no he podido menos que visitarlo y hacerme seguidora del mismo.
    No niego que las etiquetas influyen de manera decisiva en la vida, en cómo determinan nuestra manera de enfocar o ver la vida: de eso, no cabe duda; sin embargo, y sólo es un supuesto (sin base científica, pues no soy nadie) que depende de cada persona cómo reaccione ante esa etiqueta.
    No es extraña la clasificación de las personas; sin embargo, ante esa misma clasificación, cada cual obra de diferente manera.
    Personalmente, soy de las que he llevado y llevo la etiqueta a cuestas; ya no sé si me la puse yo misma o fue influenciada.
    Ahora, con los años y tras muchísimos fracasos, recapacito sobre dicha etiqueta y si en verdad más que etiqueta es una gran realidad que he tenido y tengo que asimilar.
    Ya no sé si lo que he sentido y siento hacia mí misma es una etiqueta; sí sé que nada soy y ningún valor tengo; inepta, inútil e incapaz de afrontar mi propia vida.
    ¿Terapias? Hay no muchas, muchísimas; profesionales, como en todo, muchísimos y cualificados.
    Pero no existe nada ni nadie que pueda cambiar una realidad y unos hechos, no la forma de ver dicha realidad y dichos hechos.
    Saludos cordiales. Rosa.

      Trivia Psicología respondido:
      julio 11, 2014 en 10:50 am

      Hola Rosa:
      Nos alegra mucho tu interés por nuestro blog y agradecemos enormemente tu comentario.
      Como bien dices, una gran parte de la relevancia de las etiquetas es la interpretación que cada persona hace de las mismas. Ésto además es extrapolable a la mayoría de las situaciones vitales. Lo que determina en gran medida cómo nos sentimos no son las situaciones que vivimos, sino que es nuestra manera de pensar sobre ellas, nuestra manera de interpretarlas, lo que va a influir de forma decisiva a la hora de provocar una reacción emocional. De hecho, esta explicación y el entrenamiento en aplicarla en los momentos difíciles funciona en multitud de ocasiones como un pilar fundamental de la terapia psicológica.
      Por otro lado, volviendo al tema de las etiquetas, lo que ocurre a menudo es que dichas etiquetas vienen dadas al sujeto por parte de los propios profesionales, por tanto es común que se les dote de gran credibilidad y que el sujeto tienda a colocarse en una situación de pasividad e indefensión, resultándole a veces realmente complicado comprender precisamente lo que nos cuentas, que lo realmente importante no es la etiqueta en sí, sino el valor que cada uno le coloca.
      Por otra parte, entendemos lo que nos cuentas sobre tu etiqueta personal con la que estás cargando,no nos cabe duda de que has debido pasar por momentos complicados, no obstante te animamos a recordar que siempre hay una parte de esas situaciones difíciles que puedes controlar, y es precisamente tu manera de interpretarlas para sentirte mejor.

      Un abrazo y gracias de nuevo por tu interés.

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