Mes: abril 2015

MASTICACIÓN Y PROBLEMAS DE HABLA ¿CÓMO INICIARLA?

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Al año, los niños son investigadores natos porque su curiosidad es enorme. Les gusta observar, descubrir y probar cosas nuevas… entre ellas, alimentos que hasta entonces no conocían, por lo que a partir del año de edad es el momento ideal para comenzar a darles a probar nuevos alimentos, así como cuando empiecen a salirle los dientes, comenzar el proceso de masticación.

Antes de los dos años de edad, es recomendable comenzar a incluir en la alimentación del niño alimentos de texturas diferentes. A los dos años, los niños entran en la llamada “etapa del no”, una fase típica de su desarrollo en la que recurren a la negación como forma de reafirmarse y conocerse a sí mismos. Ese “no” lo utilizan para casi todo, también para la comida, por lo que puede rechazar por sistema todo lo nuevo que se le ponga en el plato.

En ocasiones podemos encontrarnos con niños de más de dos años, que aún no han iniciado ese proceso, a pesar de haberse descartado problemas orgánicos.

La masticación favorece el desarrollo del habla en cada individuo. Al hablar, cada persona esta realizando movimientos de articulación que requieren de una serie de movimientos coordinados y secuenciados entre los labios, lengua y mandíbula. Estos mismos músculos que posibilitan la producción de los sonidos, también intervienen en la fase preparatoria de la masticación. Por ello, en ocasiones en que se presentan retrasos en el lenguaje de algunos niños, podemos encontrarnos con retrasos en el proceso de masticación.

Cuando comencemos a iniciar este procedimiento con nuestros hijos, o no hayamos conseguido iniciarlo en el momento preciso podemos seguir estas indicaciones:

  • Comenzar con alimentos más blandos. Por ejemplo plátano aplastado, patata aplastada (no puré), verdura blandita cocida en cachitos o aplastada con tenedor, e ir aumentando progresivamente la textura, ej. merluza limpia en cachitos, tortilla francesa, huevo cocido, jamón cocido…
  • Se puede decorar el plato para que le resulte más apetecible (podemos encontrar ingeniosos ejemplos en Internet).
  • Sentarnos a comer con él (al menos a la hora de la cena), así se acostumbra a comer en compañía y que la atención no se centre sólo en él, y a su vez observa nuestro comportamiento con la comida (evitar delante de él comportamientos negativos hacia ella).
  • No presionarle a comer, no se debe castigar su conducta pero tampoco reforzarle el que escupa o no quiera comer dándole otra cosa. Si no quiere comer se le retira el plato y se le indica que más tarde cuando tenga hambre se le dará para que lo coma (tener paciencia pues al final cuando tenga hambre acabará comiendo aunque llore y patalee).
  • No centrar la atención en su cena, en el momento de la cena hablar nuestras cosas del día a día y mientras tanto darle de comer, si no quiere o se enfada, retirarle el plato y volver a explicarle que cuando tenga hambre se le dará ese plato para que lo coma, y seguir con lo nuestro. Si acepta comer se le refuerza (muy bien, campeón, etc…). Al principio puede que acepte pocos bocados duros, en ese caso podemos ponerle poco alimento sólido junto con alimentos blandos y progresivamente ir aumentando los sólidos.
  • Cuando nos sentemos a comer con nuestros hijos, de vez en cuando tener comentarios positivos acerca de lo que estamos comiendo para captar su atención hacia esos estímulos.

Es importante que se comience a trabajar con ello cuanto antes, en la edad apropiada por parte de todas las personas implicadas en su alimentación, y que se acuerde la misma forma de actuar en ello para que se acostumbre a la situación y sea más fácil conseguirlo.

Betania Nze Montalbán

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