Mes: mayo 2015

Cómo sembrar amor propio

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Tener amor propio no significa ser narcisista. El narcisismo radica en la propia búsqueda de amor propio mediante una falsa demostración de éste. Tener amor propio nos sirve para poder manejarnos ante situaciones difíciles de nuestra vida, para relacionarnos con los demás y para saber estar con nosotros mismos. Cuando uno tiene amor propio eso se nota, y aporta bienestar para nuestra salud tanto física como mental. Muchas personas consultan porqué nadie les quiere ante momentos negativos de su vida. Si en vez de preguntarnos porque nadie nos quiere, cambiáramos la pregunta a porque no me quiero, entonces encontraremos la respuesta. ¿Cómo vamos a esperar que nos quieran si no nos queremos a nosotros mismos?

 

¿Qué pasos tenemos que dar para tener ese amor propio?

-Aceptar los propios errores y fracasos y aprender de ellos: Aprende a perdonarte. Nadie nace sabiendo, la vida está llena de situaciones en las que nos equivocaremos, y estas equivocaciones nos servirán precisamente para aprender.  Si te has equivocado siempre puedes intentar remediar el error.

-Aceptarse a uno mismo, tal y cómo es: Acéptate. Eres único en el mundo. Tu con tus sentimientos, tus percepciones, tus pensamientos, no hay nadie igual. Tendrás tus defectos, nadie es perfecto, pero también tienes muchas virtudes. Acepta estos defectos, mejóralos si puedes y enseña al mundo tus virtudes.

Quiérete: No podemos buscar y pretender que nos quieran si no nos queremos a nosotros mismos. Cuantas personas buscan el amor, esperando a que alguien les diga que les quiera. Digámonos a nosotros mismos “yo me quiero”, no esperemos a que nos lo digan. Trátate a ti mismo como tratarías a alguien a quien quieres.

-Aprende a disfrutar de tus momentos de soledad: Hay momentos en la vida en la que podemos llegar a sentirnos solos. Aprendamos de esos momentos. Podemos utilizarlos para acercarnos más a nuestras emociones, sentimientos  y pensamientos, a nuestros objetivos vitales y sobre todo para querernos y conocernos mejor a nosotros mismos. Si no nos gusta estar con nosotros mismos, ¿cómo queremos pretender que otras personas estén con nosotros?

-Persigue tus propias metas: Todos en mayor o menor medida, tenemos objetivos a lograr en nuestras vidas. Busquemos los objetivos que queremos conseguir, si son posibles ¿porqué no comenzar a establecer pequeñas metas para poder conseguirlos? Nunca es tarde, y cuanto antes nos pongamos a ello, antes los conseguiremos. No nos frustremos si no los conseguimos, podemos seguir intentándolo, o al menos saber que lo hemos intentado y hemos aprendido en el recorrido.

-Haz lo que te gusta sin necesidad de la aprobación de nadie, la tuya es la que cuenta: Si quieres hacer algo que no daña a nadie ni a ti mismo, ¿porque no hacerlo? Cuántas veces nos retraemos y no hacemos algo que nos gusta por el qué dirán o por la aprobación de los demás.

-Trabaja tu seguridad: Cree en ti, gana seguridad. Cuando creas en ti, los demás también lo harán.

Betania Nze Montalbán

Cómo utilizar nuestras quejas para lograr nuestros objetivos

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Todos tenemos derecho a quejarnos. Sin embargo, algunas personas adquieren esta conducta como la única manera de intentar afrontar multitud de situaciones. La cuestión, tal como dice el proverbio oriental es:” Si tu mal tiene remedio ¿por qué te quejas? Si no lo tiene ¿por qué te quejas?

Quejarnos es un derecho y una forma de expresar y sacar nuestro malestar, no obstante, en ocasiones resulta desadaptativo y agobiante para uno mismo y los demás, pues, por una parte, nuestra conducta nos impide ver el problema real con claridad y ponerle solución, y por otra, las personas que se encuentran a nuestro alrededor, que quizás en un principio nos escuchaban y apoyaban, terminan por distanciarse de nosotros al transmitirles constantemente nuestro negativismo.

Lo primero que debemos hacer para convertir nuestras quejas en objetivos alcanzables es pensar ¿cuál es mi problema? ¿Para qué me sirve la queja?

Tras ello ¿qué puedo hacer con mi problema? ¿Se puede solucionar? En caso afirmativo es importante que nos enfrentemos al problema de una manera activa, valorando nuestras posibles alternativas de actuación, eligiendo la que nos parezca más correcta y llevándola a la práctica. En caso negativo, lo más beneficioso sería intentar aceptar nuestra situación en la medida de lo posible y empezar a trabajar con las emociones y los pensamientos que nos produce dicha situación, las cuales nos han llevado irremediablemente a la queja. Escucharnos a nosotros mismos en estas situaciones complicadas, además de ayudarnos a conocernos mejor nos puede abrir la puerta a otras maneras de ver la realidad más beneficiosas y adaptativas para nuestra salud, tanto física como psicológica.

A menudo, la queja nos sitúa en posición de víctimas. Así, en lugar de actuar, tendemos a entrar en un bucle de preocupación que nos paraliza más, por lo que al no hacer nada, se confirman nuestras expectativas sobre la queja.

A veces nos fijamos determinadas expectativas que si no se cumplen nos frustran y se transforman en quejas constantes. Quizás lo más adecuado en este punto es, buscar metas alcanzables y si no se pueden lograr de golpe fijarnos pequeños objetivos hasta conseguirla, pues lo bueno a veces cuesta. Por ejemplo: pongamos el caso de una persona que sufre de obesidad y quiere reducir su peso en unos 30 kilos. Esos kilos no se pueden perder de un día para otro, pues si pretendemos que sea así nos vamos a ver con dos problemas, frustrarnos por no conseguirlo, o acabar teniendo un problema grave de salud por perderlo tan rápido. Es más adecuado que una persona en estas condiciones se fije, mediante determinadas rutinas diarias (adecuada alimentación, ejercicio…), lograr poco a poco el objetivo de ir reduciendo peso hasta lograr el objetivo.

Por todo ello, aplicándolo a la vida real, cuando nuestros problemas puedan tener solución o tengamos metas que queramos alcanzar, fijémonos pequeños objetivos, valoremos nuestros avances, y así aprenderemos a valorar nuestro esfuerzo. En caso de que no tengan solución, escuchémonos a nosotros mismos e intentemos trabajar con nuestras emociones y pensamientos para poder adaptarnos de la forma más sana a esa situación.

 Betania Nze Montalbán

DEPENDENCIA EMOCIONAL

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La dependencia emocional trata de una estado de vinculación y relación con una o más personas considerado desadaptativo, es decir, la persona dependiente se somete, idealiza y magnifica a la otra u otras personas causando en ella  una gran malestar. Pese a ello, se sienten incapaces de dejar la relación y cada intento resulta inútil. Esto sucede por una elevada necesidad de afecto en las otras personas, proporcionado por una baja autoestima. Se muestra resistencia a perder la fuente de seguridad y afecto que constituye la pareja u otras personas que la proporcionan. Se producen distorsiones cognitivas como el autoengaño y la negación de información que le proporciona su entorno.

Estas relaciones destructivas no hacen otra cosa que fortalecerse de modo que cada vez resulta más complicado que el sujeto salga de ellas. Puede resultar peligroso ya que ante estas situaciones podemos encontrarnos con personas que puedan sufrir maltrato u accedan a someterse a realizar acciones negativas por contentar a otros. En las relaciones de pareja se evidencia la continua necesidad de saber que es amado, búsqueda incesante del candidato a pareja y selección precipitada del mismo, miedo a no ser querido, miedo a la pérdida de su pareja e ideas contradictorias sobre el amor.

Podemos encontrar tres grados de vinculación:

  • Vinculación afectiva adecuada: Amor sano, consistente en dar y recibir.
  • vinculación afectiva exagerada (por defecto): La persona es incapaz de establecer lazos con otras personas. Mostrándose fría, distante y hostil.
  • Vinculación afectiva exagerada (por exceso): Característico de la dependencia emocional. El vínculo que se establece con la pareja estaría desvirtuado por una excesiva necesidad de afecto, con el fin de compensar sus carencias afectivas.

Una persona con dependencia emocional se caracteriza por:

-Su felicidad centra en una sola persona.

-Su alegría depende de cómo le traten los demás y de lo que piensen de él.

– Evitación de enfrentamientos por temor a ser rechazado.

– Se antepone el deseo de otros, al suyo propio.

-Sólo se siente bien consigo mismo si se sientes querido

-EL sentimiento de culpa está a menudo presente. Siente que es responsable de la felicidad de los demás.

-Miedo a perder a las otras personas.

-Prefieren sufrir a dejar a la otra persona.

-Necesitan al otro.

-Hay tendencia de aislamiento social.

-La relación genera ansiedad.

Una persona dependiente emocional puede dejar de serlo. Para ello es importante el trabajo de la propia autoestima, potenciar y mejorar esta. Así mismo, es importante que la propia persona aprenda a estar sola. Hay que tener cuidado con este término, pues hay personas que pueden mostrar dependencia emocional y estar sufriendo situaciones de maltrato por lo que en este caso sería urgente el bienestar de esta persona mediante la actuación oportuna.

Betania Nze Montalbán